jueves, 2 de abril de 2015

La Tercera Guerra Mundial desde la perspectiva de C. Wright Mills (1ra. Parte)

A mediados del Siglo XX, el mundo aún sentía las consecuencias políticas y económicas de la Primera y Segunda Guerra Mundial; la división de dos grandes bloques en constante tensión mantenía a todos a la expectativa de una nueva guerra y ésta cuestión resultaba cada vez más evidente, toda vez que la carrera armamentística era monopolizada por dos grandes superpotencias con la capacidad de destruirse mutuamente y destruir al globo entero de paso.     

Es así como la continua amenaza de guerra haría reflexionar a más de un científico social acerca del problema crucial que representaba para todas las sociedades del mundo: el inicio de una Tercera Guerra Mundial. Sin duda, Charles Wright Mills tiene su opinión al respecto, y vale la pena dado el contexto actual de tensión internacional, hacer una revisión de sus obras, en específico, analizaré al texto que publicó en 1958: "Las causas de la Tercera Guerra Mundial", cuya estructura fundamental se encuentra divida de la siguiente manera.

(1) ¿Los hombres hacen historia?
(2) La Tercera Guerra Mundial
(3) ¿Qué hacer entonces?


Tomaré como base ésta división para hacer una reseña seccionada de una obra fundamental de la sociología, elaborada por un crítico destacado de la sociedad estadounidense. Sin más preámbulo, me adentro a la cuestión que me atañe.  


¿LOS HOMBRES HACEN HISTORIA?

Tal como el título hace referencia, Mills se pregunta si es posible qué los hombres puedan escribir su historia, para el autor, existe una diferencia sustancial entre destino y decisión; cuando se habla del desarrollo histórico como destino, se acepta que el hombre no puede incidir sobre el desenvolvimiento de los acontecimientos, es decir, transcurren de manera natural y es prácticamente imposible que el hombre pueda incidir sobre él. Al respecto, hace una referencia al Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, escrito por C. Marx, y cita: "Los hombres hacen su propia historia, pero no como ellos quieren. No la hacen en circunstancias elegidas por ellos mismos..." (1), éste punto de vista, nos dice, se asemeja en gran medida al de Engels, pero también al de Tolstoy. Mills es contundente en ésta cuestión al argumentar que: 


"Esta concepción psicológica del destino, en suma, se relaciona con acontecimientos de la historia que escapan a la fiscalización de cualesquiera círculos o grupos de hombres, 1°, lo suficientemente compactos como para ser identificables, 2°, lo suficientemente poderosos como para decidir con trascendencia, y, 3°, en posición de prever las consecuencias y, por lo tanto, de responder como tales por los acontecimientos históricos. Así entendido, el destino no es una constante universal, enraizada en Dios ni en la naturaleza  de la historia. El destino es un rasgo de tipos de estructura social específicos; la medida en que el acontecimiento del destino es el mecanismo del desarrollo histórico constituye por sí misma un problema histórico." (2)

En contraste, la decisión representa un medio a través del cual, el hombre puede incidir en el desarrollo de los acontecimientos históricos, sin embargo, existen ciertas restricciones al respecto. En la medida que la sociedad moderna ha sentado su base política a partir de la Estado-nación, el poder, que en la época feudal tendía a la individualidad, al día de hoy se ha centralizado cada vez más en las estructuras institucionales que forman parte de los gobiernos nacionales. Así, la libertad de ejercer el poder queda constreñido a unos cuántos individuos (a los que denomina élite), que son quiénes detentan el poder como representantes de dichas instituciones. Pero eso no es todo, en virtud de que el poder internacional también se ha centralizado, Mills nos dice (recordemos que el texto fue escrito en 1958) que el verdadero poder es ejercido por dos grandes super-Estados: Estados Unidos y la URSS.  Por lo tanto, existe una esfera mayoritaria de individuos que está sujetos a un destino, dictado por las decisiones de las élites que pertenecen a éstas dos grandes superpotencias. 

Es así como, sólo quiénes poseen los medios de poder, pueden incidir realmente sobre el desarrollo de los acontecimientos históricos, que en el contexto de la época, serían los únicos capaces de detener la Tercera Guerra Mundial que se avecinaba, dados los preparativos continuos para la guerra en todas las sociedades del mundo, en un "(...) peligroso equilibrio de terror mutuo y pánico mutuo." (3) Las consecuencias de sus decisiones, según Mills, se verían envueltas por la deriva o el ímpetu.

"Deriva significa que las consecuencias de innumerables decisiones se amalgaman y chocan formando los ciegos e inexorables acontecimientos del destino histórico: la guerra, en el presente caso. Ímpetu significa, primero, ese destino, mientras opera por explícita abstención; y, segundo, las decisiones explícitas que conducen a la guerra." (4)
  Es muy clara la intención de Mills, no se trata de ninguna teoría de la conspiración como el mismo enuncia, sino de promover una idea dentro de las élites, ésta es, dejar que los acontecimientos históricos transcurran conforme al destino, representa una omisión humana, y ello nos puede llevar a terribles consecuencias, puesto que una Tercera Guerra Mundial, a diferencia de la Primera y Segunda Guerra Mundial, ya no tendría ganadores. La devastación de una Guerra con el avance tecnológico de éstas superpotencias sólo puede ser total. En ese sentido, sólo algunos hombres pueden hacer historia, y las consecuencias de las decisiones que tomen para ello pueden ser terriblemente destructivas, o maravillosamente afortunadas, depende de ellos y sólo de ellos hacer esa diferencia. (Continuará ...)



Escrito por Susana Guadalupe Alarcón Vázquez


Nota: 
La próxima parte de la reseña se publicará el 8 de abril de 2015

Bibliografía
(1) C. Wright, Mills, Las causas de la Tercera Guerra Mundial, Editorial Palestra, Buenos Aires, 1960, p. 19
(2) Ídem
(3) Op. cit., p. 8
(4) Op. cit., p. 46

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